viernes, 15 de septiembre de 2017








Paula me dice que no puede dejar de mirar por la ventana.
Paula, tiene seis años y todas las ganas del mundo de que se le note lo feliz que es.
Atesora dibujos, conchas de playa y besos. Muchos, todos y sobre todo los que llegan por el aire.
Quizá sea por eso que pasea sus manos en el viento mientras pone como excusa la ventana.








domingo, 19 de marzo de 2017






Padre-madre y un diecinueve de marzo



La vida me ha dado la oportunidad de tener dos papeles en la vida de mi hijo,
y he descubierto que en realidad no lo eran; se trataba de uno solo, solo que yo me había creía que había cosas que eran en exclusiva para mí, o más naturales, o más nosequé de una madre y otras en las que no participaría tanto. Un error, claro.

Un error del que me han ido rescatando el día a día y el avance incansable de mi hijo: tocó espabilar y no atender al  género de ninguna batalla, y haciendo recuento de bajas, a día de este diecinueve, he de reconocer que he salido bastante airosa de muchas de ellas, que no de todas, por supuesto: para ello tendría que haber sido madre, padre y superhéroe. Y estos últimos son más bien cosa de cuentos.

He sido un binomio más o menos acertado, sé que los errores han ido precedidos de las mejores intenciones, y eso aunque no consuela, al menos amortigua el golpetazo y el dolor de los chichones.

Padre-madre, madre-padre, lo que os toque, que todo vale y todo está  bien salvo tenerse miedo .

La vida, que se las sabe todas y ha sido muy generosa conmigo.



















sábado, 18 de marzo de 2017










Hoy,
que me levanto a flor de piel,
tan solo puedo regalarme instantes,
respirar hondo y no esperar nada más.


Hoy, que la vida va a pesar mucho
o a flotar ligerísima.


Filo cortante y caricia.


Veinticuatro horas
de andar descalza
y la mirada atenta de piel adentro.












miércoles, 22 de febrero de 2017







El único temor es que la celda venga de dentro,
que el límite sea mi propio encuadre.

Por eso huyo -puedes verme-
saliendo del espejo,
corriendo lejos.

Que nunca es tarde
si se trata de una misma y de sonrisas.




Imagen: Juan Cella









domingo, 22 de enero de 2017




Recuerdos que me llevan hasta un  viaje largo, 
en coche y en familia;
un ir sentada del lado de la ventanilla
y el sol.

El sol, 
insistente
llamándome desde el otro lado del cristal
e invitándome al juego tratar de cerrarme los ojos. Aplicando luz, calor y caricia en el punto exacto. 

Recuerdo aquel juego,
recuerdo ceder divertida a aquel deseo,
y sobre todo recuerdo
la sonrisa
por saberme elegida
y sentirle correr incansable 
del otro lado del cristal
para no perderme de vista.






martes, 16 de agosto de 2016




Foto: Stella Moonstone
Smile


“You’ve lost your smile,” they told her.
What almost nobody knew is that smiles don’t get lost, only dislodged, and hers was elsewhere, lost on the map of her body, right in the subtle nook where her back ended, where no one could see it. Not even her.
But he could: he found it while wandering over her skin; and he brought it back, sliding it along with his lips, traversing the return route, climbing up her back; 
accompanying it with his tongue and fixing it back in its place – so that it wouldn’t detach again – with a sea of kisses.













domingo, 3 de julio de 2016

Imagen: Gabriel Tizón; "un padre y su hijo atrapados en Grecia desde hace seis meses"






Aprendo a leer en la camiseta de papá.
A, b, e,r, c.
Me las sé todas.
Hay otras. Pero se ven mal, que la camiseta está vieja y casi se han borrado. 
Repaso con el dedo, mientras papá duerme.
A, b, e, r, c.
Hay otras, pero papá no tiene ganas de enseñármelas, o sí, pero no ahora. Eso me dice.
A, b, e, r, c.
Y nunca hay otro ahora. 
Aquí, no.




lunes, 20 de junio de 2016







Fotografía: Gabriel Tizón

















PATERA

Las besa con suma conciencia para no equivocarse entre tantas cabezas. Puede que sea la última vez que besa a sus niñas pero la idea ha dejado de dolerle hace días.
Ellas, ajenas, juegan a sacar con un pequeño vaso de plástico el agua que va entrando gota a gota en la balsa.
Y ella entonces, jugando también a no morir, les dice que cuando lleguen, ya verán, van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado.





sábado, 18 de junio de 2016

Imagen: Dictinio de Castillo









Conexión


Nuestros cuerpos no se rozan.
No paseamos de la mano por la calle.
No nos regalamos un abrazo al doblar cualquier esquina y encontrarnos.
Tampoco nos asaltamos la piel cuando uno de los dos entra por la puerta de la casa que no compartimos.
Ni nos bebemos juntos el café de la mañana, sentados en las sillas de una cocina que no existe.
Ni siquiera jugamos a enlazar nuestros ombligos bajo las sábanas de una cama que nunca hemos deshecho.
Sí, nuestros cuerpos no se rozan, pero hay que ver lo enredadas que tenemos nuestras almas.
Así, en la distancia.